Cultura de la innovación (y 10): competitividad en la economía del conocimiento
Acabo hoy esta serie de reflexiones introductorias sobre la cultura de la innovación y sobre qué hace falta hacer en nuestro país para desarrollarla adecuadamente. Y acabo incidiendo otra vez en un aspecto que parece que cuesta de entender y asumir, y que para mí es fundamental. Se trata de un tema muy sencillo y obvio: la innovación la hacen las personas y, por lo tanto, cualquier estrategia que vaya dirigida a fomentar la innovación en nuestra economía debe tener como primer y básico objetivo inculcar esta cultura en las personas que componen la sociedad.
Estamos en una sociedad de la información y el conocimiento, dónde la información es cada vez más abundante y al alcance de todos, y dónde esta información, debidamente tratada, comporta nuevo conocimiento en un proceso sin fin. A partir de este conocimiento y tomándolo como base, para que puedan aparecer las innovaciones de todo tipos, nos hace falta una variable fundamental: la creatividad humana. Y es aquí dónde está la clave de la cuestión.
Al desarrollar políticas para fomentar a todos los niveles la creatividad de las personas, para que del cada vez más inmenso conocimiento a nuestro alcance puedan crear ideas, productos, servicios, sistemas organitzacionales, invenciones, conceptos de negocio, etc., totalmente innovadores.
En la medida que consegamos tener personas que desde bien jóvenes sean más creativas en todos los aspectos, estaremos en el buen camino para tener una economía y una sociedad muy innovadoras en el futuro.
