Innovación y economías estratégicas
Acabamos con este artículo el análisis de los diferentes elementos que composen un concepto de negocio, poniendo atención a los dos últimos aspectos que pueden multiplicar la capacidad de generar beneficio. El primero de ellos radica en si el modelo dispone de alguna de las denominadas economías estratégicas, principalmente economías de escala, capacidad de concentrarse en un determinado nicho de mercado y hacerse líder o, al revés, capacidad de utilizar los mismos recursos por servir a mercados muy diferentes creando sinergias entre todos ellos.
Las economías estratégicas no tienen que ver con la mejor o peor ejecución operacional, sino que derivan del propio modelo de negocio.
El segundo radica en la posibilidad o no de que el modelo sea muy flexible, punto esencial en una economía en cambio constante y acelerado. Esta flexibilidad puede venir del hecho que tengamos una gran diversificación (de países, productos o tipología de clientes) que no lo arriesgue todo a una sola carta. Otra forma de flexibilidad es la capacidad de modificar con cierta rapidez el modelo, el que podríamos denominar como agilidad operativa. Finalmente, la capacidad de llegar en un periodo reducido de tiempo a su punto muerto sin que se haya de esperar eternidades en generar beneficios.
En definitiva, como hemos ido desgranando en los últimos meses, haciendo una reflexión profunda sobre el negocio que estamos desarrollando, tenemos muchas posibilidades de detectar elementos de posible innovación que nos permitan seguir siendo competitivos en el futuro.
